AMENAZAS A CÍRCULO DE LUCAS VILLA ALIENTAN SUS SOSPECHAS CONTRA LA POLICÍA

16 Junio 2021

Por: Juan Manuel Flórez Arias

Más de un mes después del asesinato de Lucas Villa, el estudiante a quien le dispararon el 5 de mayo mientras daba un discurso a favor del paro en el viaducto entre Pereira y Dos Quebradas, la Fiscalía no ha dado detalles sobre avances en la investigación.

Sin embargo, la Personería ha documentado que durante este tiempo tres compañeros de Villa del pregrado de ciencias del deporte de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP) y otros dos manifestantes en Pereira han sido amenazados. 

También fue amenazada el 10 de mayo Sidssy Villa, hermana de Lucas, hecho por el cual la Fiscalía abrió una investigación.

Los testimonios que le dieron a La Silla cinco de los compañeros de Villa, y las sospechas de su familia, el Comité de Derechos Humanos de Risaralda, apuntan a que la Policía hizo un perfilamiento de figuras visibles de la protesta, en particular de estudiantes de la UTP, una institución pública cuyos alumnos han sido protagonistas en el paro.

Estas sospechas se dan en un contexto previo al asesinato en el que, como contamos, el alcalde Carlos Maya invitó a hacer un “frente común con la Policía para recuperar el orden”, y hubo disparos de la Policía contra manifestantes. También videos de civiles que amenazaron a los jóvenes que protestan con consignas como: “Estamos armados y estamos dispuestos”.

Golpiza y amenazas

Una de las compañeras de pregrado de Lucas que sufrió hostigamientos en medio del paro por parte de la Policía fue Valentina Smimmo, quien fue reportada como desaparecida luego de ser retenida por el Esmad el 1 de mayo.

Valentina nació en Colombia y ha vivido en Pereira toda su vida, pero a los 18 años recibió la nacionalidad de su papá que es italiano. 

Smimmo es miembro de la primera línea de Pereira, aunque dice que el día que la detuvieron no tenía casco ni máscara antigases; fue como una marchante más. Eran cerca de las 7 p. m. cuando fue detenida por cuatro agentes del Esmad sin identificación frente al CAI de Tricentenario, cerca del Parque El Olaya, epicentro de las protestas en Pereira.

Cuenta que no la llevaron a un CAI ni a una URI sino a una bodega cerca de la estación de bomberos. “Allá me escupieron, me pisaron las manos, me dieron patadas, me decían que ojalá estuviera en embarazo para que perdiera el bebé”, dice.

Durante las cinco horas que estuvo detenida no la dejaron llamar a ningún familiar.  Entonces, varios amigos de Smimmo la reportaron en redes sociales como desaparecida. Solo la soltaron cerca de la medianoche, cuando un agente revisó su celular y vio que no estaba en español. Ella les dijo que es ciudadana italiana. “Entonces me dejaron ir, se asustaron”, dice.

Smimmo cree que luego de esa detención quedó perfilada, porque la siguiente vez que salió, el 3 de mayo, fue abordada por un agente del Esmad luego de que la protesta fuera dispersada desde el viaducto, en el que dos días después mataron a Lucas Villa, hacia el barrio aledaño de El Japón.

Valentina estaba rodeada de al menos 10 personas y ya habían salido de la zona de confrontación. Ella estaba grabando una transmisión en vivo en Facebook mientras corría de los gases del Esmad. En el minuto 3:51 se escucha que un agente del Esmad les pide que se detengan. El uniformado ignora a los acompañantes de Valentina y se dirige directamente a ella.

En ese momento no hay confrontación. De hecho, los otros manifestantes se quedan allí, esperando, mientras el agente interroga a Valentina sobre lo que lleva en el bolso, le quita varios tarros de leche y le dice que se suba la camiseta. 

La grabación se interrumpe unos segundos y cuando retoma, Valentina tiene una herida en el costado por una pistola de paintball que el agente sostenía y que le disparó a quemarropa. 

Luego se va llorando y la grabación sigue durante cerca de una hora mientras la atienden en una casa. En un momento Valentina dice: “Ese que me disparó fue el mismo que me pegó el sábado”.

El disparo le quebró dos costillas, como pudo confirmar La Silla Vacía. Tras eso, Valentina dice que intentó poner una denuncia, pero que tuvo dificultades por ser ciudadana extranjera, por lo que terminó tramitándola ante la embajada de Italia.

Dos días después de ese episodio en El Japón ocurrió el atentado contra Lucas Villa en el viaducto, y en los días siguientes, tras poner la denuncia ante la embajada, Valentina señala que camionetas de la Policía se han parqueado más tiempo del habitual frente a la tienda de su mamá, en la que ella trabaja, y que cuando sale ha sido seguida por camionetas blancas. También ha recibido al menos dos intimidaciones directas.

Una llegó a través de un Policía que, según cuenta, llegó hasta la tienda de su mamá y le dijo: “Tenga mucho cuidado, porque aquí nos tienen informando todo lo que está pasando con usted”. 

Dice que la otra le llegó a través de un conocido que la contactó por Whatsapp: “Mi papá es policía judicial y me dijo que pusieras cuidado. Es por los videos que subís. Mucho cuidado, te quieren dar de baja”.

Su caso no es el único. Otros compañeros de Villa afirman haber sido perfilados también antes de que mataran a Lucas.

Sospechas de perfilamientos

El 1 de mayo Michael Esteban Rojas y su pareja, Dileidy Prada, ambos compañeros de Villa de la Universidad, participaron en una protesta de motociclistas, una caravana por la vía Pereira-Armenia. Cuando escampaban en el sector de El Manzano, como se ve en dos videos que obtuvo La Silla Vacía, Rojas fue detenido por policías.

Una persona en el lugar dijo que no estaba haciendo nada y preguntó por qué se lo llevaban. El uniformado respondió: “Estaba fumando marihuana”. 

Lo llevaron a un CAI en el sector. Rojas llevaba en su bolso leche de magnesia y vinagre. Según Dileidy Prada, ambos ayudaban a los manifestantes con primeros auxilios ante los gases del Esmad.

En el CAI, cuenta Rojas, le quitaron lo que llevaba en el bolso, le tomaron fotos desde varios ángulos. También dice que le quitaron una gorra de la UTP y se enojaron cuando les dijo que era estudiante de esa universidad. Lo acusaron de ser “un tira piedras”.

Luego, agrega, se dedicaron a revisar su celular. “Me pidieron que desbloqueara las aplicaciones que tenía protegidas con claves: Whatsapp, Instagram, Twitter, y revisaron los chats y los grupos en los que estaban. A las dos horas me lo devolvieron y me dijeron que si me volvían a ver por ahí no respondían por mí”, dice.

Lo dejaron ir sin legalizar la detención, una práctica usual —e irregular— en estas protestas, como contamos en esta historia.

Luego de quedar libre, tanto Rojas como otros dos compañeros de Lucas le dijeron a La Silla que entraron números desconocidos a grupos de Whatsapp en los que estaban. Concretamente al de estudiantes de deportes de la UTP, al de la comunidad cannábica de Pereira —en estos dos estaba Lucas Villa— y a un chat de movilidad en el que reportaban trancones debido a las marchas.

“Esos números empezaron a sabotear las marchas y los lugares de movilización. Decían que el punto de encuentro era en un lugar distinto al que realmente era, intentaban confundir las marchas”, dice Rojas. 

El 5 de mayo, minutos después del ataque contra Lucas Villa, los números desconocidos compartieron por los chats videos del estudiante participando en las marchas durante todo ese día desde distintos ángulos. También videos previos a los disparos en los que, como contamos, se ve que lo apuntan con láseres en el viaducto.

Uno de los contactos desconocidos dijo esa noche en el chat de movilidad que Lucas era un líder del paro y que seguramente por eso lo habían matado. Rojas y otras personas lo negaron, dijeron que solo eran estudiantes a favor de las protestas y no líderes. El número desconocido respondió: “Yo estuve con uno de ellos y en la marcha decía ‘vamos pa un lado, vamos pal otro, ¿eso qué es entonces?’”

Rojas dice que temió que hubiera policías infiltrados en los chats y se salió de todos. Luego cambió su número de teléfono. Igual que Valentina y Dileidy, dice que después de eso ha sido seguido en sus trayectos habituales y cerca de su casa por camionetas blancas.

Otra de las amenazadas que señaló que fue perfilada, pero no quiso que se publicara su nombre por miedo a represalias, cuenta que estuvo con Villa desde la mañana del 5 de mayo.

Dice que ya se había ido del viaducto cuando dispararon contra su compañero, pero cuando supo del atentado llegó al Hospital San Jorge donde estaban Villa y los otros heridos. Como no la dejaron entrar, desde afuera grabó varios videos en los que se ve que en el lugar había muchos policías.

Uno de ellos se acercó y comenzó a hacerle preguntas sobre Lucas. “Me preguntó que él qué hacía, que si lo conocía, que en qué estaba involucrado él. Me insistió, que si yo era la amiga tenía que saber”. En uno de los videos que alcanzó a grabar con su celular se ve una de sus respuestas, en la que le dice al uniformado que Villa solo se dedicaba a ser estudiante.

La estudiante dice que cuando intentó irse del lugar le quitaron el celular y comenzaron a revisar su Whatsapp. Se lo devolvieron cuando llegaron otros compañeros de Lucas. En los días siguientes, recibió llamadas de números desconocidos que colgaban en cuanto contestaba. 

También dice haber sido perseguida en sus trayectos por civiles sospechosos y hace dos semanas, el 28 de mayo, un desconocido le tomó una foto durante la protesta que luego le envió a su hermana.  La Silla vio la foto.

A la par de estos hostigamientos contra el círculo de Villa, hay vacíos sobre la investigación para esclarecer el asesinato.

La investigación sin respuestas

Según dijo el fiscal general, Francisco Barbosa, en una entrevista con Noticias RCN el 27 de mayo, manejan tres hipótesis sobre el crimen de Lucas Villa.

“La primera hipótesis es que fue asesinado por su función de liderazgo social (...) la otra señala que se presentó por cuenta de las protestas y ahí se tendría que ver que existan funcionarios detrás de esto, y la tercera señala que debemos estudiar el caso de Dosquebradas y Pereira porque ahí hay grupos delincuenciales dedicados al microtráfico”, dijo.

Los familiares de Villa rechazan esa última hipótesis. “Esa teoría de un sicario independiente no es, porque alrededor del evento hubo una maquinaria de preparación”, dijo Sidssy Villa a Noticias 1 este fin de semana.  

Según le dijo a La Silla, se refieren a los láseres con los que le apuntaron a su hermano y a los videos en los que lo grabaron durante el 5 de mayo mientras participaba en la protesta.

La hermana de Villa también detalló que el 10 de mayo, cuando estaba con su esposo en la librería Roma, en el centro de Pereira, un hombre se les acercó y le dijo a él varias veces “quédese quieto o lo paro”, hecho por el que puso una denuncia por amenaza en la Fiscalía.

Aún hay cabos sueltos en torno al crimen. Entre ellos, la falta de iluminación del lugar del tiroteo y el funcionamiento de las cámaras de seguridad en el viaducto. Hay versiones encontradas al respecto. Según le dijo la Policía a La Silla el mes pasado, las cámaras no alcanzaban a grabar los hechos. Según dijo el director de la Dijin a La W Radio la semana pasada, las cámaras no estaban funcionando durante esos días y eso sería responsabilidad de las alcaldías de Pereira y Dosquebradas.

Otro asunto sin respuesta es sobre la labor del CTI de la Fiscalía. Fotos de manifestantes que fueron en la mañana del 6 de mayo al viaducto —la mañana después del asesinato de Villa— muestran que, cerca de las 7 am, agentes del CTI estaban en el lugar. En cuanto se fueron, los manifestantes encontraron en el sitio casquillos de munición traumática, identificada por la sigla PAK, que no fueron recogidos.

Para Luz Adriana González, del Comité de Derechos Humanos, el CTI fue negligente y no fue la misma noche a la escena del crimen. La Silla intentó contactar a uno de los investigadores del caso para preguntarle si fue así, pero este respondió que no iba a dar ninguna declaración.

Más allá de las sospechas y de los interrogantes aún sin respuesta, el asesinato de Lucas Villa cambió la dinámica de las protestas en Pereira y les introdujo una dosis de miedo que aún persigue a varios de los que coincidieron con este estudiante que saludaba a los agentes del Esmad mientras marchaba, cantaba y bailaba en las calles.

Foto por: Santiago Mesa R